Mujeres en la Ciencia y el desafío del prejuicio de género

El 11 de febrero es el día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, el que nace como una iniciativa de la Asamblea General de Las Naciones Unidas, en busca de lograr una participación plena y equitativa en respuesta a las brechas de género que han impedido la igualdad y empoderamiento de las mujeres en la ciencia. La pregunta es: ¿Cómo estamos en Chile?

Las llamadas “ciencias duras” son un sector dominado, tal como lo demuestran las estadísticas, por la presencia masculina. La participación femenina en profesiones asociadas a las áreas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas aunque progresiva, sigue siendo baja.

Un estudio publicado en 2017 por la revista Science reveló que las niñas comienzan a concebirse como menos inteligentes que los niños en áreas como las matemáticas, a partir de los 6 años de edad, siendo visible la brecha de género a temprana edad. Este fenómeno también se puede observar de forma objetiva cuando se observan las conductas de las y los niños/as en las aulas de clases. La especialista en género, Carola Naranjo, Directora de la Consultora Etnográfica, señala:

“tu ves una interacción en aula que es determinante, profesores o profesoras, van reforzando los estereotipos de género construidos por la sociedad e internalizados como sesgos inconscientes, refuerzan en las niñas que está bien ser “señoritas”, “pasivas” y “románticas”, mientras que los niños son señalados como activos, exploradores y curiosos. Tú ves cómo de forma dramática alejan a las niñas de la ciencia y la tecnología, y claro esto se refuerza año tras año en el sistema escolar”.

Esta brecha, no obstante, trasciende en la etapa escolar y se refleja en las cifras de mujeres que cursan estudios universitarios en STEM (Science, Tecnology, Engineering, and Mathematics), así como en su permanencia, y el problema se agudiza en América Latina, en donde se señalan los prejuicios o las normas culturales como influyentes en el comportamiento femenino.

We Can Do It

La compañía Westinghouse Electric fue la encargada de publicitar “We Can Do It” la exitosa estrategia publicitaria que buscó motivar el ingreso laboral femenino durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Si bien la estrategia publicitaria funcionó, tuvo efectos colaterales y caló fuerte el mensaje: podemos hacerlo.

“We Can Do It” fue uno de los primeros mensajes para desafiar los estereotipos de género femenino, ya que la compañía se dedicaba al rubro nuclear, el cual era dominado principalmente por hombres.

Si bien fue un gran paso, los estereotipos de género en el sector STEM siguen siendo visibles desde sus orígenes y ha sido un prejuicio difícil de terminar ya que las mujeres que se adentran en estas ciencias se enfrentan al miedo de confirmar dicho estereotipo negativo, lo cual les genera altos niveles de ansiedad y estrés ante la presión social.

Ciencias, la brecha de género persistente

Este año fue el aniversario nº143 del Decreto Amunátegui que se conmemora cada 6 de febrero,  el cual permitió la validación de las mujeres chilenas para rendir exámenes universitarios y poder acceder a títulos y grados universitarios.

A pesar de las múltiples inequidades de género persistentes en el diario vivir de las mujeres, el decreto permitió un acceso universitario femenino progresivo, lo cual facultó a las mujeres para lograr una independencia laboral económica. 

Según los datos de la División de Educación Superior del Mineduc publicadas en el 2018, las mujeres concentran el 53% de la matrícula de Pregrado y los hombres alcanzan el 47%.

Para Carola Naranjo, esto es un reflejo del avance en el acceso a la educación superior en Chile, “existe paridad en el acceso, pero eso no quiere decir que exista igualdad de género, estamos lejos, porque lo que observa es que las mujeres siguen engrosando las carreras que son una extensión del rol reproductivo, estas se concentran en el área servicios, educación y salud. No obstante, no ocupan los puestos de poder y liderazgo en estas materias”, afirma la experta.

Lamentablemente, la noticia se ve contrarrestada por el “Reporte de Participación Femenina 2018” de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT), el cual reveló las cifras de matrículas anuales en el período del 2009 – 2018, en Ciencias la matrícula bajó en un 0,3 % y en Ingenierías fue una baja del 0,1%. 

Estos resultados siguen teniendo una carga negativa cuando hablamos de titulación, donde las mujeres representaron un 56,6% de las y los titulados/as. Sin embargo, esta cifra baja drásticamente en las áreas científicas con un 18,4%, y le siguen ingenierías, industria y construcción con un 16,9% de presencia femenina.

Dentro del mismo reporte se menciona la persistencia de mujeres en estudios de postgrado, considerando magíster y doctorado dentro del mismo período. Los resultados tuvieron una leve variación del 51,4% a un 51,7% en ocho años.

Adjudicación femenina

El Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, Fondecyt, fue creado con el objetivo de estimular y promover el desarrollo de investigación científica y tecnológica, siendo el principal fondo este tipo en el país y recibiendo, dada su importancia, cientos de propuestas cada año.

Las propuestas adjudicadas para el 2020 contemplaron 556 proyectos de los cuales 156 fueron propuestos por mujeres. En relación a los proyectos que contemplan las áreas STEM propuestas por mujeres, sólo se adjudicaron 60 entre ciencias (37) e ingenierías (23). Biología, Ingeniería y Química fueron los proyectos con mayor adjudicación femenina. 

Las explicaciones propuestas por la ausencia de mujeres en la ciencia se encapsula en la expresión del “techo de cristal”, el cual se traduce en prejuicios que las mujeres no han logrado romper y que genera el desinterés en las carreras STEM. El techo de cristal es un problema global que se encuentra fomentado por estereotipos sexistas que persisten y fortalecen la figura masculina en un negocio que se priva diariamente de potenciales talentos. 

La ingratitud de los galardones femeninos

La premiación en las ciencias es equivalente a la contribución del trabajo científico en dichas áreas. En Chile esta distinción corresponde al Premio Nacional de Ciencias Exactas de Chile, que fue creado en el año 1992 y antecede al Premio Nacional de Ciencias, el cual no contempló a ninguna mujer y premió a 16 hombres los cuales se consideraron dignos de aquella distinción.

A pesar del cambio, desde el reemplazo del Premio Nacional de Ciencias, sólo se han considerado a dos mujeres: María Teresa Ruiz González, astrónoma, fue la primera en ser condecorada en el año 1997 y Dora Altbir, física, quien fue premiada el año 2019. 

Tuvieron que pasar 22 años para que se reconociera a la segunda mujer en las ciencias, lo que nos dista de un enorme desafío.

Naranjo asegura que, “es de vital importancia incorporar un enfoque de género en el ejercicio de las ciencias en Chile, políticas decididas, que entiendan que en la base existe una asimetría de poder de lo femenino en relación a lo masculino y que esto de despliega en todos los aspectos, en las decisiones de adjudicación por ejemplo,  y hasta en los temas que se investigan, así operan los prejuicios de género en ciencia”, finaliza la experta.